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Del mismo modo que algunos enólogos reformulan el sabor de los tintos con Cabernet Franc o Petit Verdot, están los que se la juegan con los blancos.
No sólo se trata de lanzar novedades sino también de mantener a flote clásicos que ciertos nichos del mercado saben disfrutar. Lo interesante de esto es que en el país del Malbec comienzan a moverse las aguas en materia de blancos y no todo es Charonnay o Sauvignon Blanc.

Hace poco te contábamos del fenómeno detrás del Riesling, hoy es el turno de viejos conocidos a los que se suman propuestas más jugadas que invitan a poner los ojos en blancos alejados del mainstream.

Hoy te contamos cuales son:

Semillón. Es una cepa blanca ilustre. Con sus uvas se elaboran los blancos más notables de Burdeos y en Australia su reputación desbancó al Chardonnay. Pero en Argentina por años se destinó a blancos genéricos y sencillos. Sin embargo, desde hace un tiempo varios enólogos le pusieron el ojo y los resultados son cada día mejores. El primer varietal local de Semillón fue elaborado en 1976 en Río Negro por Bodega Humberto Canale (2014, $78), hoy vigente y acompañado en la zona por Miras Jovem Semillón (2014, $100) con un perfil semi dulce y untuoso. En Mendoza, donde existe la mayor superficie, Roberto de la Mota elabora su Mendel Semillón (2013, $120) con estilo elegante, matices herbales y cítricos y la frescura aguda del Valle de Uco, otro notable es Ricardo Santos Semillón (2014, $135), “simple y que se deja beber”, como le gusta decir a su autor. San Rafael también aporta lo suyo con Iaccarini Semillón (2013, $120), una etiqueta de aromatica franca y frutal y paladar austero de buen fluir. Pero la cepa también da lugar a rarezas como Vía Revolucionaria Semillón Hulk (2014, $100), un blanco que Matías Michelini embotella sin filtrar, es turbio y cítrico, muy expresivo y refrescante.

Moscatel. La familia de los moscateles es la más numerosa del universo de la viníferas. Algunos expertos aseguran que son las variedades más antiguas del planeta y otros confían en que dieron vida a la mayoría de las cepas finas que conocemos. En Argentina se les atribuye el origen del Torrontés. Sus vinos en los últimos años marcaron tendencia con su paladar semi dulce, principalmente en Estados Unidos. Este auge de los Moscatos despertó el interés de algunos winemakers locales y aparecieron vinos simpáticos y fáciles de beber que pueden acompañar desde pizzas y picadas hasta postres. Se destacan Durigutti Clásico Moscatel (2014, $98) que resulta frutado y floral, con dulzor justo para el aperitivo; Álamos Moscatel de Alejandría (2014, $118), con un tono algo más dulzón y voluptuoso en boca, ideal con quesos madurados o postres de cítricos. Para los dulceros dos hits son Nina Dulce Natural (2014, $120), elaborado en La Rioja con Moscato Giallo, su dulzura es equilibrada y acidez tensa que aligera, Lagarde Dolce ($120) fue de los pioneros, no sólo entre los espumosos dulces sino también en reivindicar estos cepajes.

Pinot Grigio. En los últimos trece años su superficie pasó de una decena de hectáreas a casi cuatrocientas. La explicación de este crecimiento es la demanda internacional que generó el auge de los vinos blancos italianos. Pero a diferencia de las versiones del Friuli y el Alto Adige, en Argentina el Pinot Grigio es intenso, expresivo y de paladar untuoso, un perfil que gusta. Con una década en el mercado, Lurton Pinot Gris (2014, $124) es de los más ligeros y frescos, con sabores etéreos que se agradecen a la hora del aperitivo. De estilo internacional están Argento Pinot Grigio (2014, $75), frutal y refrescante ideal para acompañar pesca o quesos blandos, y Graffigna Centenario Pinot Grigio (2014, $78) que por su volumen bien puede maridar con carnes blancas. Un vino curioso que saca provecho de esta cepa es Masi Tupungato Paso Blanco (2014, $110) elaborado por manos italianas en el Valle de Uco a partir de partes iguales de Torrontés y Pinot Grigio, sabroso y fragante, un hit para picadas.

Chenin Blanc. Fue una de las cepas mas utilizadas en el durante el siglo XX para la elaboración de los blancos de mesa. Su pasado popular la ubicó en un rol secundario cuando el país se propuso trascender con sus vinos. pero es importante destacar que es una cepa muy prestigiosa en el mundo, principalmente en el Valle del Loire, Francia, donde sus vinos son muy preciados. Atentos a esto algunos viticultores siempre la tuvieron en cuenta, principalmente en San Rafael, donde están sus viñedos más antiguos. Dos etiquetas que siempre le han hecho justicia son Alfredo Roca Chenin Blanc (2014, $90) y Jean Rivier Chenin Blanc (2014, $90), ambos de matices cítricos y herbales en primer plano mientras que en paladar tienen un fluir graso de buen peso. Un clásico que resiste las modas y que siempre dio crédito al Chenin es Montchenot Blanco (2014, $79) elaborado con uvas de Agrelo (Mendoza) y que en las últimas cosechas despliega fruta blanca fresca y cítricos. De la vereda de enfrente  Andrea Muffato y Gerardo Michelini acaban de presentar Ji Ji Ji Chenin Blanc Sin Filtrar (2015,  $130), un blanco curioso elaborado con uvas del Valle de Uco que se anima a trasgredir algunos cánones del mercado. Turbio, de aromática exótica y mineral, buena fruta y un paladar amable producto de un grado alcohólico que a penas alcanza el 10,5%. Vino para curiosos.

Alejandro Iglesias

Alejandro Iglesias
Es sommelier y un consumado buscador de tesoros. Capaz de degustar cientos de vinos y de recordar del primero al último con la precisión y la agudeza de un entomólogo, conoce como nadie esos rincones del mercado a los que todos quieren llegar. Por eso elige los vinos del Club Bonvivir. Por eso escribe en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) sobre sus hallazgos o bien en importantes medios nacionales como Clase Ejecutiva, o internacionales como Decanter.