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¿Es posible que una uva caiga en desgracia? Es posible. Y tanto, que puede pasar de ser un top de ventas a nivel global a desaparecer incluso de la oferta, perder precio en el viñedo y ser arrancada de las fincas porque no es más negocio ni para bodegueros ni para viñateros. Y el Merlot es hoy el mejor ejemplo de esa caída.
Cultivada largamente en Médoc o Saint-Émilion, en Bordeaux, Francia, es la variedad emblemática de algunos de los tintos más cotizados del planeta, como Petrús, cuyas botellas superan con crecen los mil dólares incluso en malas cosechas. Tanta alcurnia la llevó a dar la vuelta al globo, desde California, Chile, Australia y Argentina. Y, sin embargo, tanta alcurnia no la salvó a esta uva del escarnio público.
Todo comenzó como una moda en Estados Unidos. A poco de difundirse la paradoja francesa en los medios, en 1991, la misma que asegura que mientras los galos comen sin cuidarse, sufren menos infartos que los norteamericanos porque el tinto los protege, las ventas de la uva más francesa se multiplicaron por cifras astronómicas. Y lo que había sido un producto sofisticado, de detalle, fue pasado por las aplanadoras del consumo masivo hasta arruinar su reputación en los buches rumiantes de una sociedad que lo mismo come hamburguesas que salchichas y pavo.
Tanto, que en la película Entre Copas –que pegó en el gran público de todo el mundo- el protagonista afirma poco menos que la “gilada” bebe Merlot y que los “finos” toman Pinot Noir. Eso fue en 2004. Y desde entonces sus ventas se desplomaron.
Características de la cepa
Al paladar acostumbrado a los tintos potentes de nuestro mercado, el Merlot puede resultarle algo ligero y suelto, sin llegar a la ligereza de un Pinot Noir. Sin embargo, en esa soltura radica su principal virtud: tinto muy gastronómico, sus taninos firmes pero finos, su acidez fresca y jugosa y el final frutado y especiado, hacen de este vino un perfecto compañero para la mesa. Resulta ideal para carnes rojas y pastas con salsas a base de tomate.
¿Y los Merlot nativos?
En nuestro país el Merlot fue una de las uvas más plantadas, junto con Cabernet, Malbec y Syrah. Y siempre tuvo un lugar destacado, sin llegar a ser protagónico en el mercado. Sin embargo, el efecto post Entre Copas le pegó fuerte y dejó una dura resaca.  A la fecha, mientras un kilo de Malbec o Cabernet Sauvignon se paga entre 5 y 6 pesos, el de Merlot con suerte cotiza 2,5 pesos. Y estos son datos 2014.
Esa condición devaluada –porque ya no seduce a los consumidores norteamericanos- empujó al Merlot a un camino de retroceso. Sin ir más lejos, en el plan inicial del desarrollo de San Patricio del Chañar –una región apalancada en la exportación- el Merlot ocuparía un lugar destacado, por lo que fue plantado en abundancia. Hoy las bodegas patagónicas van más por arrancar y replantar, o por injertarlo, que por sostenerlo.
Promesa para la región, ya que la uva precisa climas más frescos, suelos algo pesado -con presencia de arcillas- y cierto ambiente protegido, como los oasis de los Valles alto y medio del Río Negro, el Merlot supo dar algunos de los vinos más finos de la Patagonia: Marcus, es un cabal ejemplo cotidiano, mejorado por casos como Saurus, Primogénito, Miras y Verum, que ofrecen excelentes ejemplares en la región. Pero no son los únicos.
Futuro cercano
Más allá de la perdida de valor y de que los viñedos estén siendo arrancados, se abre una brecha interesante para esta variedad en el futuro cercano. La razón hay que buscarla en la misma trampa que la eclipsó: mientras que el Malbec bate todos los récord de consumo y venta off shore, se hace cada vez más evidente que el mercado global no da para sostener el ritmo. Y así, entre los especialistas locales y no solo, el Cabernet Franc viene con estrella ascendente –y no son mil hectáreas las que están plantadas-, lo mismo que el Pinot Noir. Y entre esos extremos, por intensidad y sabor frutal se ubica el Merlot. Se trata, en todo caso, de encontrarle un lugar estilístico y de hallar a los nuevos consumidores.
Algunos ricos Merlot para entrar en tema, serían:
Alfredo Roca Fincas Merlot (2012,$85) de San Rafael, frutado y de cuerpo medio.
Saurus Select Merlot (2010, $108), de Neuquén, intenso, frutado y de rica frescura.
Primogénito Merlot (2011, $115) de Neuquén, intenso, frutado y de boca jugosa.
Miras Merlot (2011, $190), de Río Negro, intenso, frutado y de boca jugoso.
Joaquín Hidalgo
Una versión de esta nota fue publicada en La Mañana de Nuequén el domingo 22 de junio de 2013.

Joaquín Hidalgo
Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta en formatos y tiene una pluma capaz de desentrañar el secreto áspero del tanino o de evocar el sabor perdido de unas granadas en la infancia. Lleva más de quince años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en importantes medios nacionales, como La Nación Revista, La Mañana de Neuquén, Playboy y JOY, entre otros. En twitter es @hidalgovinos