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Los argentinos tenemos costumbres que no pensamos negociar y dos de estas dividen las aguas en verano. No importa que tan alto pueda llegar el mercurio del termómetro, en Argentina el vino tinto domina las mesas y ante esto la solución para muchos es recurrir a unos cubos de hielo o a un chorro de soda helada.

Este acto reflejo, tan argento como el colectivo, nunca deja de escandalizar a los fundamentalistas del tinto que prefieren sudar como testigo falso antes que alterar la esencia del vino en su copa.

Ahora bien, ambas costumbres son válidas así como las posturas de cada bebedor. Por esto mismo y en plan de acercar posiciones proponemos recurrir al sentido común para que todos sean felices. Para esto te recomendamos cómo disfrutar de los tintos en los días más caluroso del verano ya sea con o sin hielo.

La frapera, sí. En todo caso, a la hora de sostener la temperatura de un buen tinto en verano, no hay que dudar y dejarlo en una frapera con agua y hielo. Sí, es verdad, parece anti intuitivo: pero es mejor una botella de tinto refrescada y en su punto que un caldo quemante. El secreto, en todo caso, es no usar mucho hielo: con una cubetera el agua queda a punto. Y luego se regula con un hielo cada tanto.

El freezer, casi siempre. Cuando en un quincho hacen 34 o 35 grados, cualquier botella sobre la mesa llega en cuestión de minutos a ese pico febril. Entonces, se impone el uso de la cordura para bajarlos a unos decorosos 15 o 16ºC. El freezer es un buen aliado en este asunto, porque en unos 10 a 15 minutos deja la botella en el punto justo. Mejor si la envolvés con un paño húmedo antes. Eso sí: si te olvidaste el vino un rato, puede ocurrir lo peor: se congela y como consecuencia hace presión sobre el corcho y lo expulsa, o peor aún, revienta el vidrio.

¿Hielo, sí o no? A gusto es la respuesta. Sólo tengamos en cuenta que el hielo diluirá el vino en la medida que se derrita y que, en ese caso, se aflojará su estructura. Están los que gustan de ese vino diluido y para ellos este consejo: ojo con el hielo que usan. Hecho con agua de la canilla –digamos el 99%– tendrá cloro, que arruina los sabores del vino, por esto mismo es mejor utilizar agua mineral o al menos de filtro para evitar que el sabor se malogre.

Y el consejo que muchos esperan, nadie debería pensar en un Gran Reserva de alcurnia si le vamos a echar uno rolitos, para estos casos existen los clásicos buenos, bonitos y baratos supieron dar forma a esta costumbre.

¿Qué vinos van con hielo? Entre la etiquetas fáciles de encontrar en la góndola que se lucen aun con un susto de soda y unos hielos están Norton Clásico 1895 ($108), Bianchi Borgoña ($117) y Vasco Viejo ($70) además de algunos nuevos clásicos como Callia Malbec ($125) o Novecento Syrah ($125). Puede parecer raro pero parecen listos para estas ocasiones.

Ahora, también conviene conocer que hay métodos alternativos para evitar que el vino se afloje. A saber…

Las rocas, sí. Se venden en cualquier vinoteca o regalería y son, ni más ni menos, que unas falsas rocas de hielo. Sólo que rellenas de gel y, debidamente guardadas en el freezer, le bajan la temperatura drásticamente a la copa sin diluir el vino. A favor, la practicidad. En contra, no deja de ser un trozo de plástico que ves en la copa. Hay que elegir, claro. Pero hay otras alternativas.

Chaquetas de gel.  Así como están las bolsas de gel para aliviar el dolor en los músculos, están las chaquetas de gel para los vinos. No son caras. Con unos 350 pesos (si no son importadas) se puede comprar una chaqueta decorada que, con velcro y cierre en el pico, evita que una botella previamente refrescada se caliente. Como chiche, además, es un buen regalo para algún amante del vino.

Tintos frappe, frappe! Como parte de una tendencia global que brega por vinos amigables al paladar, en Argentina comenzamos a ver etiquetas modernas que proponen un consumo descontracturado y que invitan a romper el acortonamiento del copón de cristal y el decanter. Vinos, en muchos casos de gama media, con algunas excepciones de alta gama, cuya clave no solo es la frescura y el alcohol de bajo a moderado, sino que también puedan beberse fríos, no refrescados, sino más cerca de un blanco.

Los hay con burbujas como Colonias las Liebres Brusca, creado junto a Pietro Sorba al estilo de los Lambrusco italianos, o el más reciente Chakana Sobrenatural Frisante de Bonarda ($250), ambos ideales para beber en compañía de un salamín al pie de la parrilla.

En plan de tintos tranquilos, Valmont ($125) fue el primero que propuso en nuestro país la idea de refrescar los vinos de color, a unos 10 grados funciona de maravillas. Desde 2009 Krontiras elabora su Doña Silvina Fresh de Malbec ($200) así como Santa Julia cuenta con Tintillo ($250), blend Malbec-Bonarda también es de los que se llevan bien con la frapera; al igual que Vía Revolucionaría Bonarda Pura ($330) de maceración carbónica. Para sumar al wish list de los tintos de verano vale considerar el nuevo Osado Blend de Tintas ($210), el curioso TINTO ($400) de Altos las Hormigas, corte Bonarda, Malbec y Semillón y el exótico Proyecto Las Compuertas Cordisco ($450), un vino para refrescar aún los paladares más expertos.

Entre los vinos de uvas criollas también hay muchos para aprovechar en esta línea como El Señor X Rosado 2018 ($350) blend de Criolla y Moscatel, Cara Sucia ($300) elaborado con uva cereza del este mendocino, o bien, para paladares más refinados El Esteco Old Vines Criolla ($735) de los Valles Calchaquíes.

Mientras que los bebedores más sofisticados deberían buscar entre los claretes, vinos que transitan el pantone entre tinto y rosé y de los cuales vale la pena aprovechar Ménage de Ver Sacrum ($350) y DV Catena Clarete de Malbec ($650).