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7 razones por las que es mejor beber vinos blancos (y cuáles probar)

Los consumidores desconfían de los vinos blancos sin otra razón que el prejuicio o el desconocimiento.

vinos blancos recomendados

¿Cuándo fue la última vez que al beber un vino te pareció que estabas entrando a otro mundo de sabor? Si no probás vinos blancos recomendados por nosotros, seguro eso fue hace mucho tiempo. Porque si hay algo hoy en la góndola de los vinos blancos son razones para sorprenderse y enamorarse de ellos.

Como especialista en la materia, cada vez más descubro que en el lado blanco de la góndola hay más vinos para estimular la curiosidad. Y eso, sin tener que gastar un dineral (o dejar un riñón, como decimos en Argentina). Así es que en plan de despeinar un poco el paladar y alucinar con sabores novedosos, déjate convencer con las siete razones que siguen y sus vinos blancos recomendados.

Razón primera: mejoras de estilo. Los blancos son riquísimos. Que de eso no quepan dudas. Pero además, en los últimos cinco años se ha dado un fenómeno de exploración gustativa en la góndola que llevó al pulimento de varios estilos. Los Chardonnay son el mejor ejemplo: hoy resultan refrescantes, con una pizca de untuosidad que los vuelve vitales al paladar. Así son, Saurus (2018, $215), La Linda Unoaked (2018, $275) y Killka (2018, $210).

Segunda, el precio: son más baratos que sus pares tintos. Esto no tiene explicación clara más allá de la curiosa ecuación de costos de algunos vinos. Pero la verdad es que a igual etiqueta, el blanco cuesta entre un 15% y 30% menos. Casos paradigmáticos son: Durigutti Clásico Chardonnay (2017, $260), 40 pesos menos que el Malbec; Chakana Nuna Estate White Blend (2017, $280) y el Malbec 310 pesos. Hay muchos casos así. Estos son sólo dos ejemplos.

Tercera, ofrecen una mayor paleta de sabores. Mientras que la distancia de entre un Malbec y un Bonarda es fina y cuesta a veces reconocerlos, entre un Torrontés, un Sauvignon Blanc y un Chardonnay la cosa está clarísima. Así, hoy se pueden probar vinos blancos recomendados que van desde sabores florales –azahar a nardos– pasando por herbales –arveja y heno– a francamente frutales –desde ananá a peras– siguiendo la misma distancia entre variedades. Sino, juntá seis amigos y prueben estos tres juntos y fijate: Chakana Torrontés (2018, $400), Fuego Blanco Sauvignon Blanc (2017, $450) y Famiglia Bianchi Chardonnay (2017, $466).vinos blancos recomendados

Cuarta: van con más comidas. En el imaginario local, los argentinos sólo comemos carne y bebemos vinos tintos. Pero en la diaria, tenemos una dieta más variada, donde pollo, pasta, pizzas y milanesas están al orden del día. Y para todos ellos, además de ensaladas, quesos y fiambres, los blancos tienen mejor cintura para acompañarlos. Sino, hacé la prueba con cualquier plato de los mencionados y algunos blancos como estos: Kaiken Terroir Series Torrontés (2018, $320), Los Cardos Sauvignon Blanc (2018, $231) o Cruz Alta Chardonnay (2017 $210).

Quinta, se beben fríos. A ver: está pronosticado un verano bochornoso –húmedo y caliente–, y tomar un Malbec en esas condiciones es mandarse a dormir antes de poner una serie o relajarse. Y en las tardes y noches de verano, pocas cosas son más reparadoras que llegar de trabajar, cambiarse la ropa y beber una copa de vino blanco fría con algo para picar. No importa la variedad, importa el estilo: los vinos blancos recomendados,  delgados y chispeantes de frescura como Sauvignon Blanc, Torrontés y Pinot Gris van a 6 o 7ºC; mientras que los que ofrecen cuerpo, madera y untuosidad, como Chardonnay y Semillón, mejor beberlos un poco más arriba, hacia los 10 o 12ºC.

Sexta: bancan un poco de dulzor. Cuando un tinto es ligeramente dulce se vuelve un poco plano y aburrido. Pero que un Riesling o un Torrontés tenga algún gramito de azúcar residual es algo que el paladar también agradece. De modo que se pueden compartir sin drama entre amantes de la dulzura y los vinos secos. Así resultan, por ejemplo, Padrillos Trifecta (2017, $286), Bienconvino Gewürztraminer (2017, $315) y Eugenio Bustos Chardonnay (2018, $160)

Séptima, al clericó si no camina. Y si hay algo que aceptan sin misterio los blancos mediopelones es una mezcla frutal, desde el franco y cordial clericó, a una melancía bien helada. Con ellos, se endereza el sabor de cualquier blanco que resulte ácido y desleído. En cualquiera de los dos casos, el hielo es un aliado fundamental.

Y si llegaste hasta acá, va una yapa: en este link todos los blancos que tenés que descubrir.

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