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Curiosa tendencia: vinos en los que el sabor lo define el tiempo

El efecto del tiempo vuelve a despertar entusiasmo entre los consumidores. Con seis nuevas etiquetas te contamos cómo podes comprender la importancia de los años en los vinos.

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En los vinos, los años son un factor vital. Ya sea el de cosecha, el de embotellado o los años que el vino lleva en botella, siempre hay un fecha que define o explica su expresión. Incluso podemos decir que el tiempo en el vino tiene su propia expresión con aromas y sabores especiales.

En nuestro país, existió una vieja escuela que se ocupaba de la crianza del vino. El caso más emblemático es Bodegas López que aun hoy en sus Montchenot invierte una década de crianza en toneles antes de lanzarlos al mercado con casos singulares donde ese tiempo puede llegar a los veinte años.

Sin embargo, con los años esa practica fue reemplazada por otra: los vinos llegan  mucho antes a las manos de los consumidores y son ellos mismo los que se ocupen de la guarda. Hasta ahora, que parece cambiar la tendencia y el tiempo en el vino empieza a contar de otra manera.

Hoy el tiempo vuelve a ofrecer sabor en auge. No sólo porque las bodegas lanzan vinos anclados en el el tiempo –como demuestran los siete nuevos que verás más abajo–. Basta observar en Instagram como la fotos de botellas muy añejas despiertan tsunamis de likes al igual que las verticales de vinos icónicos en cada presentación de una nueva añada. Afortunadamente, el sabor del tiempo se impone nuevamente como atributo indispensable de un gran vino.

Y las novedades en esta línea, son:

Quorum V (92,5pts, $670). Bodega Norton fue la primera bodega en Argentina en lanzar un vino que combina cepas y diferentes añadas, o mejor dicho, en llevar el detalle de ese corte a la alta gama y a la etiqueta. Así nació Quorum, marca que hoy ya cuenta con una quinta edición, esta vez con Malbec 2016, Cabernet Franc 2014 y Petit Verdot 2012. De color violáceo profundo, resulta un vino complejo con carácter que despliega aromas de frutos rojos y negros, frutos secos, balsámicos y especias. Al paladar es amplio y fluido con acidez equilibrada y taninos finos. Una rareza que como si fuera poco se luce por su relación precio-calidad.

Fond de Cave A Temps Cabernet Sauvignon (92pts, $800). La nueva apuesta de Bodega Trapiche para una de sus marcas más antiguas es un blend de cosechas en busca de equilibrio y una expresión del tiempo. Para esta primera edición, Sergio Case eligió un antiguo viñedo de Cabernet de Cruz de Piedra y para el corte de añadas utilizó un 68% de la 2012, 12% de la  2013 y 20% de la 2014. El vino es muy complejo con aromas de especias y hierbas además de un claro perfil frutado que recuerda al cassis y regaliz. En boca es intenso y envolvente, muy sabroso y largo.

Casa de Uco Winemaker´s Spetial Edition (92pts, $980). Como muchos cortes que emplean el tiempo para definir el sabor, el nuevo vino de Casa de Uco hecha mano de un corte de añadas y de variedades. Si bien la técnica no es novedosa, lo interesante en este caso es el estilo de vino que resulta. Blend de Malbec 2014 y 2017 (el 70% del vino), el resto se completa en partes iguales entre Petit Verdot 2015 y Cabernet Franc 2016. El resultado es un tinto complejo en aromas, de paladar suelto en andar y lleno de sabor, con un largo final ligeramente mentolado y lleno de sabor.

Voláre de Flor (95pts, $1850). A la hora de desafiar el tiempo el faro de muchos enólogos es Jerez, región española donde los vinos se crían por años en barricas colonizadas por un velo natural que se posa sobre el vino. El velo o flor protege, alimenta y lo dota al vino de atributos para resistir los años. Este fue el camino que siguió David Bonomi en su bodega garage de Mendoza donde en el año 2000 inició una solera con un Chardonnay que naturalmente desarrolló velo, algo poco habitual en Argentina. Esa solera se alimentó durante más de diez años de diferentes cosechas hasta dar lugar a un blanco de color amarillo brillante con aromas de frutos secos, flores secas y especias. Paladar intenso, vibrante y salino. Un verdadero unicornio de la vitivinicultura argentina.

Michelini i Mufatto Convicciones 2015 (93pts, $1950). Una máxima de la enología reza “oxida hoy para disfrutar mañana”, algo que se resume a una técnica que somete a los vinos a un proceso oxidativo y luego a uno reductivo en botella para lograr longevidad. Esta es la filosofía detrás de los nuevos vinos de la pareja formada por Andrea Mufatto y Gerardo Michelini quienes en el caso de Convicciones vinifican un Chardonnay de Gualtallary que pasa un largo tiempo en barricas usadas antes de su embotellado. ¿Cuando beberlo? Dentro de una década sostienen. No antes. El vino hoy resulta amarillo brillante con aromas florales que recuerdan al tilo y el flores de azahar, austero pero con buena definición. En boca fluye graso con acidez vibrante en centro de boca. Es largo y en cierto punto exótico. Vino no apto para ansiosos que se recomienda descorchar en no menos de una década. Más tiempo en el vino, en este caso, es mejor.

Bressia del Alma Merlot 2012 (94pts, $2250). El tiempo en el vino alimenta las mejores historias de la bodegas, como sucede con este Merlot nacido casi por casualidad. Walter Bressia cuenta que un día de 2016 mientras cataba vinos en su bodega junto a su hijo se topó con unas barricas olvidadas. Un sorbo bastaría para que en pocos días el destino del vino fuera la botella. La clave sin dudas está en los cuatro años que el vino pasó en contacto con el roble hasta aligerar su carácter y dar lugar una textura sedosa y delicada. Mientras que 2 años en botellas dieron vida a una aromática compleja con tonos de frutos negros maduros, flores secas, especias y tierra húmeda. Un tinto que no tardará en convertirse en un hito entre los Merlot argentinos aunque hay un 15% de Cabernet Franc.

Tonel Único 111 Malbec 1994 (94pts, $3000). Cavas de Weinert es uno de los productores que mejor maneja el tiempo en sus vinos. En este caso tenemos el único Malbec criado en tonel de 5800 litros y por nada menos que veintitrés años. Embotellado recién en 2017, resulta único y suma un perfil poco explorado para el Malbec. Color teja con tonos rubí, en nariz es balsámico con tonos especiados, frutos rojos secos y maduros con dejos de cuero, clavo de olor y cacao. Paladar equilibrado, fluye jugoso con rica tensión y taninos algo activos. Sin dudas un vino para atesorar por varios años más.

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