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Para una mayoría de consumidores existe el Cabernet Sauvignon. Para otros, más afilados en materia de vinos, el Cabernet Franc es la variedad de moda, la que hay que conocer y probar.

¿La razón? Viene con estrella ascendente en nuestro mercado: grandes vinos, altos puntajes, estilos novedosos. Mientras que a una se la conoce como Cabernet a secas, a la otra se la nombra, sobre todo, por el apellido: Franc.

Parientes cercanos.  Ambos Cabernet tiene una relación filial. En pocas palabras, el Franc es la variedad que dio origen al Cabernet Sauvignon cuando, allá por el siglo XVII en Aquitania, Francia, y según los estudios de ADN, se produjo un fructífero cruce entre el Cabernet Franc y el Sauvignon Blanc. Identificado y multiplicado el nuevo varietal, llegaría a ser la tinta más cosmopolita en el mundo, plantada en rincones tan distantes como Ningxia y Mendoza, China y Argentina respectivamente. Claro que manda en Burdeos, el corazón de los vinos de Francia, donde es el rey.

Sabor de Cabernet Sauvignon.  Los bordeleses veneran algunas uvas y con plena razón. Mientras que el Merlot es aclamado en Pomerol, no lejos de allí, el Cabernet Sauvignon manda. De Cabernet están hechos todos los  prestigiosos vinos de la margen izquierda del río Garona, en Burdeos, conocido como el Médoc. En esos suelos de grava y con una clima moderado y húmedo, da tintos de estructura y longevidad, cuya principal característica es la fruta roja y negra, que ofrecen seda pura cuando envejecen.

Pero con un truco: el Cabernet Sauvignon casi nunca está sólo, siempre lleva algo de Franc, algo de Petit Verdot, algo de Merlot.
En Argentina, el Cabernet Sauvignon tiene rincones especiales pero no llega a ser una uva masiva en materia de grandes vinos. Con un clima seco y cálido o moderadamente cálido, encontrar el suelo para conseguir el Cabernet de gloria es una tarea en la que está metida toda la industria local. En los lugares clave –como Maipú y Gualtallary, en Mendoza; General Roca, en Río Negro; Cafayate, en Salta– da tintos de difícil clasificación, del tipo “pero no”: con cuerpo pero no gordos, ajustado pero no apretados, frutados pero no expresivos; complejos sobre todo, un modelo de vino que hay que indagarlo para conseguir lo mejor, porque está construido de muchas sutilezas. Sólo en algunos casos, ofrece un trazo que recuerda al morrón asado, algo que en  esta variedad no siempre es considerado una virtud.

Algunos ejemplares para descubrir un buen Cabernet argentino, son:

La Mascota Vineyard (2015, $400)

Pascual Toso (2016, $220)

SonVida (2013, $464)

Pulenta Estate III (2012, $470)

Lamadrid Reserva (2013, $365)

Susana Balbo Signature (2014, $538)

DV Catena (2014, $763)

cabernet FrancSabor a Franc.

En Francia, de donde es originaria, esta variedad tiene dos grandes hogares. Por un lado, el Valle de Loira, donde da tintos expresivos y frutados, de cuerpo ligero, como en Chinon y Saumur.

Por otro, Burdeos, donde salvo en contados lugares donde es casi un vino varietal –como Saint-Émilion y algún rincón de Pomerol– es un telonero del Cabernet Sauvignon y del Merlot. Por eso no tuvo la trascendencia del otro Cabernet.

En Argentina, en cambio, llegó para ser telonero de otros tintos y consiguió un lugar estelar. Como se trata de una variedad de aromas herbales y frutales, en climas cálidos como muchos de nuestros terroir consigue aromas frescos y vitalizantes, con un paladar curioso y definido: de cuerpo medio, taninos firmes y bien pulidos, es apretado como un guante y al mismo tiempo igual de cómodo.

Con todo, gana precisamente en expresión: siempre es intenso en aromas y salvo muy contadas excepciones, ofrece todo sin que uno lo indague. Por eso favorito de muchos.

Algunos ejemplares para probar, son el flamante Terrazas de los Andes Reserva (2016, $335), los amables Casa Boher (2015, $335), Lagarde Guarda (2014, $550) y Fabre Montmayou Reserva (2015, $270), y los más firmes y refrescantes Desquiciado (2015, $265), Trivento Golden Reserve Black Edition (2013, $550), Zaha Toko Vineyard (2013, $550), Kaikén Obertura (2014, $560), Numina (2015, $460) y El Gran Enemigo Gualtallary Single Vineyard (2013, $1150).

¿Ahora, puestos a elegir, cuál probás?

Joaquín Hidalgo
Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta en formatos y tiene una pluma capaz de desentrañar el secreto áspero del tanino o de evocar el sabor perdido de unas granadas en la infancia. Lleva más de quince años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en importantes medios nacionales, como La Nación Revista, La Mañana de Neuquén, Playboy y JOY, entre otros.