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Vinos & números: ¿qué tendencias 2017 se consolidarán en 2018?

El negocio del vino ofreció un escenario complejo en 2017, cuyas principales repercusión tendrán continuidad como tendencias 2018. ¿Cuáles seguir?

Tendencias 2018

El año que se va vio consolidarse algunas tendencias de largo plazo y algunas más cercanas que impactarán de lleno como tendencias 2018. Algunas cosas a tener en cuenta, son:

Menos consumo. Este año que se va marcó un punto de inflexión respecto al consumo de vinos per cápita: según estimaciones no oficiales por primera vez en la historia se perforó el piso de 20 litros por habitante, mientras que las oficiales dan 20,7 litros. La tendencia es a la baja, con un mix creciente de precios. Entre las grandes compañías de consumo masivo, como Unilever, la explicación de la caída en ventas para este año hay que buscarla en que la billetera de los consumidores acusó el ajuste. Para los productores de vino, sin embargo, la cosa se complica un poco más con la tendencia general de largo plazo, cuya caída es constante desde 1980. Hay señales de repunte en segmentos varietales y de mediano precio, pero en el mercado nadie estima un cambio de signo. Según el informe del Banco Supervielle sobre la actualidad del negocio del vino, el sector hoy factura un 17% menos que en 2011. El dato clave es el cambio del mix.

Mejor consumo. Es interesante observar dos cosas que en 2017 marcaron récord propio: el consumo de burbujas trepó al 7,5% acumulado en la última década, lo que representa un cambio considerable, lo mismo que los vinos de segmento superior y alto (más de 130 pesos en adelante), que acumularon un 14% en el mismo período. La participación es creciente porque el consumo en esos segmentos es creciente, mientras que el salto se ve magnificado por la caída general de otros segmentos de precio, como damajuana, tetrabrik y primer precio, cuya caída en la última década contabiliza 17,9%.

Regionalización & IG’s. Una respuesta ideal en el segmento de precios altos, tanto para la exportación como para el consumo doméstico, es la premiumización de algunas regiones productoras. La idea es simple: si el prestigio de determinadas zonas y sus vinos es creciente, el precio de esos vinos crece en la medida en que la oferta está acotada. Así, entre 2016 y 2017 se definieron lagunas Indicaciones Geográficas como Paraje Altamira y Los Chacayes, mientras que otras como San Pablo, Los Indios o Gualtallary –todas en Valle de Uco– están prontas a ser aprobadas y 2018 traerá novedades al respecto. El camino es largo, pero interesante en la medida en que acompaña el proceso de segmentos de alto precio.

¿Exportaciones? En tanto el freno a la inflación siga siendo el tipo de cambio, las exportaciones de vino estarán ahorcadas. Sólo entre 2011 y la fecha se perdieron por este motivo 3 millones de cajas de vino exportadas de bajo precio. En compensación, el precio promedio por caja tuvo un ajuste hacia arriba que, sin compensar la caída, llevó a desarrollar nuevas estrategias de mercado con consecuencias positivas en el largo plazo: el total exportado a agosto de este año –última cifra oficial– para vinos embotellados era de 773,9 millones de dólares con un precio promedio para la caja de 12 botellas de 34,8 US$ y mercados en expansión como Reino Unido, Brasil y México. Entretanto, la industria apuesta por mejorar la competitividad interna. La vuelta al Sistema Generalizado de Preferencias de importación que rige otra vez desde el 1º de enero para el mercado de Estados Unidos deberá repercutir positivamente en las exportaciones. ¿La razón? Tasa cero para el vino en ese mercado que representa el 40% de share exportado.

Más importados. Impulsados por pequeños importadores, principalmente, en 2017 llegó al mercado una buena cantidad de vinos importados a nutrir la góndola local. Empresas como Casa Pirque, Gran Cru, Siete Spirits, Terroir y Soil trajeron diferentes cantidades de vinos franceses, españoles e italianos, a los que se sumaron algunas especialidades alemanas, estadounidense y sudafricanas. Así, en la góndola de los altos precios –desde 400 pesos– hoy es posible beber buenas botellas foráneas sin demasiada complicación. Entre las tendencias 2018 esta se acrecentará, mientras que la importación de graneles desde Chile, para abastecer la demanda interna luego de dos vendimias en baja, se detendrá si la vendimia en marcha alcanza a subsanar el volumen de las anteriores. Todo indicaría que sí.

Revalorización del pasado. El año que se va vio el renacer un nuevo segmento de vinos: las viejas añadas. Entre octubre y noviembre varias casas locales, como Catena Zapata, Trapiche, Rutini y Luigi Bosca lanzaron packs de vinos viejos, con cosechas de 1990 a 2010. En 2018 año veremos más ofertas por el estilo, mientras que la restauración apuesta por tener algunos de estos tesoros. Una de las tendencias 2018 que ganará profundidad, dentro de su escala chica.

Batalla impositiva. Este 2017 tuvo un broche final con la batalla impositiva sobre las bebidas de la que el vino salió indemne. La razón es sencilla: de los principales países vitivinícolas, según el Observatorio Vitivinícola, Argentina es la que presenta la menor distancia entre los impuestos internos a las bebidas alcohólicas (0% para vinos y espumosos, 8% para cervezas y 20% espirituosas), mientras que representa el trabajo directo e indirecto de 350 mil personas. No está dicha la última palabra, aún.

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