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Tres uvas tintas le pondrían color al futuro vino argentino

No todo son variedades tradicionales en nuestro medio, también hay otras que se ofrecen como candidatas a encontrar su lugar en el país. Tres casos a tener en cuenta.

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Cuando todo parecía Malbec y más Malbec, el Cabernet Franc entró como un bólido en escena: se robó puntajes, trepó en prestigio y su plantación aumentó sustancialmente desde un puñado de hectáreas hasta superar las novecientas. Un dato: en 2001 había sólo 43 hectáreas plantadas y hoy ya suman 911.

La razón para ese salto cuantitativo hay que buscarlo en el sabor nuevo que ofrece la variedad y que, a la corta más que a la larga, se propuso como una alternativa para reinventar el gusto del vino argentino en la alta gama. Pero no es la única. Hay otras uvas que van por la misma senda y que, si bien hoy ofrecen un puñado de hectáreas, conviene prestarle atención por lo que puedan ofrecer en el futuro. En otras palabras, en lo que tienen de promesa y por qué. Son:

Ancellotta, del corte a la variedad
En 2001 cubría sólo 21 hectáreas en nuestro país. Variedad oriunda de la Emilia-Romana, aporta un 10 a 15% en algunas denominaciones como Salamino di Santa Croce DOC y Reggiano DOC, siendo la sombra del Lambrusco. Pero en nuestro clima, donde el sol y el calor de Mendoza y San Juan le dan otro matiz, hoy se la cultiva hasta alcanzar los 917 hectáreas y ofrece un tinto curioso: mucho color, cuerpo y buena frescura jugosa.

De ahí que incluso algunas bodegas comienzan a embotellarla como un producto diferencial, lejos ya del lugar de segundona en un blend. Así razonan, por ejemplo, Familia Zuccardi y Las Perdices, que la tienen ya en sus porfolios como vino varietal, mientras que Kaiken Wines tiene uno en la gatera.

Ahora bien, esas tres etiquetas no se llevan las más de novecientas hectáreas plantadas. El resto, entretanto, se vende bien en el mercado de uvas, un poco como tintorera sofisticada, por su alto color y potencia de boca. Habrá más, eso seguro.

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Tannat de clima seco y cálido
Sin entrar en un conflicto con Uruguay, hay que reconocer que el Tannat es una variedad que le gusta el sol. Al menos, es lo que se deduce de comparar algunos Madriran, la AOC Francesa de Tannat, con vinos uruguayos y argentinos. Ricos en estructura y volumen, los locales conservan un trazo de frescura con taninos bien maduros.

Por eso es que, a contar de 1997, su plantación fue en aumento. ¿Dónde? En las zonas donde el calor y el sol permiten su maduración completa. Hoy San Juan es donde está más cultivada, con 333 hectáreas, seguido de cerca por Mendoza con 319 y Salta lejos salta con 129. En total, con otros puchos en otras provnicias, alcanza las 836 hectáreas.

Con todo, Salta y San Juan son las que han hecho punta de lanza con este tinto. ¿Ejemplo? Bodega El Esteco lo elabroan en varias líneas junto Domingo Hermanos y Nanni en los Valles Calchaquíes, mientras que Casa Montes manda en San Juan. Mendoza, en cambio, la usa para blends.

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Garnacha para principiantes
En 2016 esta variedad estuvo en boca de todos los especialistas. Tanto, que incluso hubo un seminario sobre su viabilidad en el clima local, durante la Premium Tasting. En esa oportunidad, las 22 hectáreas plantadas en nuestro país (9 en La Rioja, el resto en Mendoza) parecían un dato frívolo. Al menos hasta que se descubre el desempeño de la variedad en los vinos y, de paso, en los climas cálidos del mundo, donde es una de las más plantadas.
Conocida Grenache en Francia, es una de las uvas plantadas en el sur de ese país y España, donde el soleado clima mediterráneo la convierte en vinos versátiles, de paladar muy amable y sobre todo fresco. Porque, si hay una virtud en la Garnacha es que aún en donde aprieta el calor no le afloja a loa frescura en los vinos.

En nuestro mercado son contados con los dedos de una mano los ejemplares que la llevan, todos con el corte clásico del Rhone, conocido como GSM: Garnacha, Syrah y Monastrell o Mourvedre, del que se consiguen Versacrum y Corzón de Sol Luminoso en nuestro medio.

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Joaquín Hidalgo

Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta en formatos y tiene una pluma capaz de desentrañar el secreto áspero del tanino o de evocar el sabor perdido de unas granadas en la infancia. Lleva más de quince años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en importantes medios nacionales, como La Nación Revista, La Mañana de Neuquén, Playboy y JOY, entre otros. En twitter es @hidalgovinos

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