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Se expande la frontera para el vino argentino

En la última década y media nuevas regiones desplegaron el panorama del vino local. En esta nota, las más recientes incorporaciones y sus vinos.

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Hace quince años, cuando irrumpía San Patricio del Chañar o 25 de Mayo, en Neuquén y La Pampa, respectivamente, el panorama del vino argentino entraba en una nueva lógica de exploración: ya no se trataba de Mendoza o Salta, también otras provincias entraban a gravitar en el negocio el vino de calidad. Y si el mapa por aquellos años ofrecía una nueva cantera, ahora esa lógica ofrece otros rincones a los que prestarle atención.

Se trata, sobre todo, de viñedos extremos. Mientras que se consolidan las áreas centrales y las más altas, un puñado de plantaciones empuja las fronteras del vino argentino más arriba, más al norte, más el este y más al sur al mismo tiempo. Y ahora, algunos vinos raros y de zonas remotas ven la luz. En ese sentido, 2014  y 2015 trajeron algunas novedades: el viñedo de Colomé a más de tres mil metros en Salta; la primera elaboración de uvas de Sarmiento, en Chubut; el lanzamiento de los vinos oceánicos de Trapiche.

La razón por la que las bodegas argentinas exploran zonas extremas es la búsqueda de frescura. Mientras que el 99% del viñedo argentino está plantado en zonas de desierto y de temperaturas moderadas, en los extremos las condiciones son otras. Tanto en la altura, como en el sur o en las costas, lo que se encuentra son promedios términos más bajos y, por tanto, mejor conservación de la frescura en el vino para elaborar otros estilos.

La altura máxima
En la última década se desarrollaron algunos de los viñedos de altura más espectaculares del país. Uno es Altura Máxima, en Payogasta, Salta, donde Sauvignon Blanc y Pinot Noir vegetan a 3100 metros, en condiciones de insolación y frío extremos, algo así como la contracara exacta de lo que sucede con la Borgoña, en Francia. Los vinos acaban de llegar al mercado con el nombre de Colomé Lote Especial y son extremos también en intensidad y sabor.

En Mendoza, entre tanto, las bodegas siguen trepando en altura. En el valle de Uco, al centro oeste de la provincia, ya hay viñedos de Chardonnay a 1600 metros, en el límite de la vegetabilidad para la zona, desde donde proviene, por ejemplo, Salentein Single Vineyard o Catena Zapata White Bone. Mientras que llegando a Uspallata, camino a Chile, existe un viñedo llamado La Quinta, cuya primera elaboración fue este año, plantado nada menos que a 2000 metros.

Al este, más al este
Mientras que la altura implica explorar terroir nuevos en las mismas provincias del Oeste, algunas bodegas buscaron el mar como elemento regulador. Así funcionan las principales regiones europeas, desde Burdeos al Loire. Y la razón es que el mar es un gran regulador término: por más que el sol caliente la tierra, el agua cercana impide que el aire de la costa eleve su temperatura promedio. Y ahí es cuando se pueden cultivar uvas de zonas frías en lugares como Mar del Plata, Sierra de la Ventana o Viedma, por mencionar tres de las nuevas áreas productivas de Argentina.

En el caso de Mar del Plata, el viñedo de Chapadmalal, que pertenece a Bodega Trapiche, ofrece una línea completa de vinos bajo la marca Mar&Pampa. Destaca la frescura de los blancos, en particular Sauvignon Blanc y Chardonnay. En Viedma, la bodega Océano Patagonia elaboran un Merlot con la marca Mar, apretado de taninos y rico en frescura. Mientras que en Sierra de la Ventana, bodega Saldungaray embotella entre otros un Cabernet Franc de alto vuelo con la marca Ventania.

El extremo sur
En los últimos años algunos productores se atrevieron a ir más allá del paralelo 42º y avanzar sobre Chubut y Santa Cruz. En esta última, hay un pequeño viñedo experimental en Los Antiguos, del que no se tuvieron más noticias. De Chubut, en cambio, sí llegaron algunos vinos a la góndola. En principio, de un pequeño viñedo en Paso del Sapo, salieron unas botellas de Chardonnay de la mano de Paz Levinson, mejor sommelier de Las Américas 2014. Es en Sarmiento, sin embargo, donde está la apuesta fuerte. Plantado por el empresario Alejandro Bulgheroni, en el Instituto Nacional de Vitivinicultura consta que este viñedo elaboró por primera vez en 2015. En el más cerrado de los  secretos, aún no se conocen los resultados, aunque todo pareciera indicar por las variedades –Pinot, Chardonnay, Gewürztraminer- y el tipo de producción, que allí buscarán darle forma una nueva generación de blancos y espumantes argentinos. Por ahora, no hay información más allá de la que ofrece el INV.

Joaquín Hidalgo

Una versión de esta nota fue publicada en La Mañana de Neuquén el domingo 20 de septiembre de 2015.

Se expande la frontera para el vino argentino
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En esta nota:

Joaquín Hidalgo

Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta en formatos y tiene una pluma capaz de desentrañar el secreto áspero del tanino o de evocar el sabor perdido de unas granadas en la infancia. Lleva más de quince años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en importantes medios nacionales, como La Nación Revista, La Mañana de Neuquén, Playboy y JOY, entre otros. En twitter es @hidalgovinos

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