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Cómo catar un vino: todo lo que hay que saber

La cata esconde muchos secretos, la mayoría de ellos asociados a la experiencia. Pero no hace falta ser un especialista para poder catar. En esta nota, el ABC.

Como catar un vino

En una operación sencilla, un consumidor de vinos cualquiera puede lucir como el más experto catador de vinos. Cumpliendo cierto rito de rigor, ajustando algunas palabras en lo que dice y, sobre todo, afirmando con certeza todo lo que diga, es posible que incluso un abstemio pueda pasar por hombre de vinos. Pero más que aprender a aparentar, lo importante en una cata de vinos es aprender a sentir y a juzgar con criterios propios. Para eso, hace falta una herramientas fundamental: la copa.

Vaya y busque una. Pongamos que no se consigue una normalizada, pero que se tiene a mano un copón con la sección del cristal lo suficientemente delgada; con eso basta.

Observar es clave

Supongamos que catamos un vino tinto. Con la copa llena hasta su Ecuador –el punto más ancho- lo primero que hay que hacer es inclinarla, de forma que el vino adelgace su sección estirándose sobre el cristal: ahí formará un menisco o medialuna, en donde apreciar el color. Puede ir desde un violeta obispo para un Malbec a un rojo rubí en un Cabernet o Merlot, siempre que sean jóvenes. Si el vino tiene ya unos 4 o 5 años, el color habrá virado hacia los tonos teja.

Oler no cuesta tanto

Oler un vino con detenimiento es una actividad cautivante. El truco está en prestar atención y cumplir dos pasos básicos. El primero, es hacerlo girar dentro de la copa, para que se airee y respire y los aromas se liberen. El segundo, es introducir la nariz en la copa sin temor al ridículo; para evitar bloqueos recuerde que está haciendo una tarea noble, algo que prestigia. Y huela.

La técnica indica aspiraciones profundas, combinadas con otras más cortitas y repetidas. Entonces hay que liberar la imaginación y dejarse llevar, prestándole mucha atención a las imágenes que llegan al recuerdo, porque ahí vienen asociados los aromas. Por ejemplo: plaza de infancia un domingo por la tarde, caramelo; ciruelas pasas, si se recuerdan mermeladas. Lo importante no es el aroma en sí sino la sensación que connota.

No hay equívocos gruesos si el propósito es encontrar el sentido general del vino: si es frutal, especiado o maderoso; suave o intenso. Lo que hay que tener claro es que la inmensa mayoría de los vinos argentinos son bien aromáticos y frutales. En especial Malbec, Bonarda y Merlot, seguido de Tempranillo. Mientras que el Cabernet Sauvignon es menos fragante pero más complejo; es decir, presenta varios grupos aromáticos pero ninguno central y evidente.

Con todo, lo más importante es que el vino invite a beber. Digamos, que no sea fétido o huela a repollo hervido, dos defectos graves.

El placer está en la boca

Al probarlo hay que poder diferenciar sus gustos, su textura, volumen y cuerpo.

Del gusto depende el balance del vino: el secreto está en que los gustos dulces se contraponen con los ácidos y amargos. Y el vino tiene muchas sustancias con esos gustos. En nuestro país la mayoría de los tintos no destacan por su acidez, aunque sí por una leve sensación dulce agradable, en especial el Malbec o la Bonarda. Si alguno de estos gustos se destaca, hay que destacarlo al momento de hablar del balances. Sino, se dice del vino que está en equilibrio.

Al tacto, los tintos locales pueden ser aterciopelados, sedosos o rugosos. Para saberlo bien conviene terminar de beber el primer sorbo, y sopesar la sensación que deja: hay tintos “tánicos” que resultan ásperos o rugosos, e incluso llegan a secar las encías; otros, son tan suaves que recuerdan el terciopelo e incluso se mueven lentos como sucede al pasarle la mano a este género; los menos, recuerdan la velocidad y suavidad de la seda.

Por último, el vino tiene un volumen específico. A él se alude como el cuerpo: hay tintos que son pesados, otros viscosos, y algunos ligeros.

Con este procedimiento simple, lo único que resta es empezar a probar y hacer experiencia. Ahí está el verdadero sentido de una cata. Aunque claro, también luce canchero saber hacerlo.

Joaquín Hidalgo

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Joaquín Hidalgo

Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta en formatos y tiene una pluma capaz de desentrañar el secreto áspero del tanino o de evocar el sabor perdido de unas granadas en la infancia. Lleva más de quince años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en importantes medios nacionales, como La Nación Revista, La Mañana de Neuquén, Playboy y JOY, entre otros. En twitter es @hidalgovinos

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