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Pizza con vino: ¿cuáles probar?

¿Quién dice que la cerveza es la compañía ideal de la pizza? ¿Cuánto hace que no probas con un vino blanco, rosado o tinto ligero?

Pizza con vino

Si los italianos inventaron la pizza hace un par de siglos está claro que la acompañaban -y todavía acompañan- con sus vinos ligeros, fragantes y expresivos. Pero en el imaginario argentino, por esas cosas del negocio y la publicidad, la birra se apoderó de ese lugar en la mesa. Y para un argentino de a pie, no hay como una cerveza helada junto a una pizza. Eso, porque nunca probó un rico vino con una muzzarella o una margherita.

Tradición aparte, si la pizza se hace con harina, lleva tomate, queso y aceite de oliva, ¿cómo es posible que nos cueste imaginarla con un tinto ligero y frutado? Ni hablar de una fugazzeta, en la que el sabor ácido y sulfuroso de la cebolla reclama la frescura de un blanco chispeante y frutado.

Si querés descubrir un universo que te permanecía vedado al paladar, la próxima vez, probá tu pizza favorita con alguno de estos vinos que te recomendamos a continuación:

Clásica de muzzarela. No hay como hincarle el diente a una porción de muzza recién salida del horno. Es su sencillez la que no hace distinción social y a todo el mundo encanta por igual: masa, fina o gruesa, tomate y queso mozzarella. Pensar en vinos para acompañarla no es complicado, precisamente porque sus ingredientes maridan con casi todos. A nosotros nos tientan especialmente con vinos rosados, porque sostienen la tensión frente a la acidez del tomate y la densidad del queso fundido; aporta volumen y frescura suficiente a la boca para subrayar los sabores de la pizza. Entre nuestros recomendado están Goyenechea Rosé 2013 y Portillo Rosé 2013. Pero si el asunto del rosado te es intransigente, probá con estas dos etiquetas de Bonarda: Colonia Las Liebres 2012 y Durigutti Clásico 2011.

Típica Napolitana. Esta es una versión heavy por el protagonismo que tiene el ajo. Preferida de los argentinos, al momento de pensar en vinos un tinto fresco y suave le sienta bien. La idea, es atemperar la intensidad de la pizza y redondearla con sabor frutal. Ejemplos cabales sería un Syrah hecho y derecho. Entre ellos, Don David Syrah 2011 y Callia Alta Shiraz 2012 cumplen con lo que buscamos.

Mejor con Margherita. Pizza favorita entre los amante de los sabores mediterráneos, aquí la clave está la combinación de tomate y albaca frescos junto un queso suave mojado con aceite de oliva joven y aromático. Lo curioso de esta pizza es su historia: creada hace unos 300 años, su nombre homenajea a la reina Margarita de Saboya, que llevó las riendas de Italia durante el siglo XVII. Y para pizza con pedigrí, lo mejor son unas burbujas. Dos espumosos ideales para esta versión serían Familia Gascón Extra Brut y Rosa de los Vientos Rosé. Ambos resultan frescos y vivaces y armonizarán los sabores de esta receta histórica.

Aromática Fugazza. Aquí no hay discusión, la cebolla pide vino blanco y en lo posible fresco y frutal. Considerando que se trata de una pizza ligera pero a la vez con personalidad, la sugerencia es un Torrontés, vino que se presenta sutil hasta que despliega su carácter. Entre los varietales que nos gustan, apuntamos Aguijón de Abeja 2013 o Anko 2012 logran una armonía ideal y si la Fugazza con mucho orégano, mejor aún.

Especial de Provolone. En maridaje, los quesos se llevan mejor con los blancos y, a mayor intensidad del queso, más aún. Pero para el paladar local esta norma es absurda –más que nada porque el blanco no está entre los preferidos del gran consumo- y gana el tinto por afano. Complacientes, elegimos dos vinos de color para esta potente y sabrosa: un tinto y un rosado, bien expresivos y equilibrados. El tinto es Familia Gascón Reserva Malbec, mientras que Finca Flichman Rosé, además, es amable con bolsillo. Probalos y contanos con cual te fue mejor.

Potentes cuatro quesos. Si hay una pizza contundente, es esta. Lo sabemos por experiencia: la acumulación de lácteos obliga a calcular bien cuantas porciones comer. Y si vamos a acompañarla con vino, la clave está en buscar alguno que aligere el paso. Debe ser jugoso y fresco, con buen sabor frutal y a la vez fácil de tomar. La variedad Tempranillo es una buena apuesta en este sentido y Latitud 33 2012 uno de los indicados. También Pinot Noir puede resultar acorde, y en ese sentido Manos Negras 2012 es uno que no defrauda.

Y a vos, ¿con qué vino te gusta qué pizza?

Alejandro Iglesias

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Alejandro Iglesias

Es sommelier y un consumado buscador de tesoros. Capaz de degustar cientos de vinos y de recordar del primero al último con la precisión y la agudeza de un entomólogo, conoce como nadie esos rincones del mercado a los que todos quieren llegar. Por eso elige los vinos del Club Bonvivir. Por eso escribe en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) sobre sus hallazgos o bien en importantes medios nacionales como Clase Ejecutiva, o internacionales como Decanter. En twitter es @AleIglesiasWine

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